El Jueves Santo, sea laborable o festivo, flota en el Marítimo el ambiente de los días grandes de la Semana Santa Marinera de Valencia. Hasta entonces, se han sucedido las procesiones particulares de cada hermandad. Ahora son los actos colectivos los que se dan cita en las calles. Sin embargo, todavía se celebrarán algunos actos singulares, en los que se manifiestan las características del Marítimo y su pasado ligado a la mar.
Tras los Santos Oficios propios del día, todas las Hermandades se reunen en la plaza de las Atarazanas. En el interior de la Iglesia de Santa María del Mar, en el Grao, a las 20,00 horas, se celebra el Acto de la Profecía, tras el que se inicia la Procesión de la Visita a los Monumentos. Se trata de una procesión con el único acompañamiento del rumor sordo de los tambores, que le permitirá averiguar por donde transcurre la procesión que visita todas las feligresías.
Es costumbre en la noche del Jueves Santo visitar las imágenes en las casas, que permanecerán abiertas hasta bien entrada la noche. No estaría mal pensado quedarse a cenar en el Marítimo. A los establecimientos que ya se han mencionado en anteriores artículos, se les puede sumar el Bar Espadan (c/Espadan); Aloha 2 (c/Escalante) o el Restaurante Carrión (Av.Blasco Ibáñez), o La Cuina de Pilar (c/Mendez Nuñez). En esta misma calle pasará la Procesión del Silencio que se inicia a las 24 horas desde la parroquia de Santa María del Mar.
El Viernes Santo amanece con un acto entrañable que reune a un numeroso público. El Encuentro de los Cristos. Si acude a las 8 horas a la calle José Benlliure nº 317, podrá contemplar este acto cargado de emoción. Tras el encuentro, le aconsejo acompañar a la imagen del Santísimo Cristo del Salvador a la orilla de la playa, donde se ofrece una oración por los fallecidos en la mar.
A continuación, todas las calles del Marítimo se convierten en el mejor marco para las procesiones del Via Crucis que se celebran por separado en cada parroquia. En este punto es interesante resaltar la importancia de la mar en la fiesta. La Semana Santa Marinera fue hasta la primera mitad del siglo XX una Semana Santa de Nazarenos Cristos y Dolorosas. Apenas alguna concesión a otras escenas evangélicas. Muchos autores han creído ver en estas tres imágenes la correlación con momentos de la vida de las gentes del mar. El Nazareno representa los innumerables momentos de peligro y padecimiento de los marineros en el mar. El Cristo es el marinero que ha naufragado y la Madre Dolorosa, las numerosas mujeres que esperaban ansiosas el regreso de la barca después del temporal. La procesión del Via Crucis la describe Vicente Blasco Ibáñez, en su novela Flor de Mayo, donde se recogen las vicisitudes de las gentes del Cabanyal.
Por la tarde le recomiendo que acuda a partir de las 18,30 a la plaza de la Virgen de la Vallivana. Allí se concentran todas las Hermandades para participar en la Procesión del Santo Entierro que empieza en ese lugar a esa hora. Es un espectáculo que no podrá ver en ninguna otra ciudad. En esa plaza coinciden imágenes, personajes bíblicos, cofrades, músicos, esperando la hora de integrarse en la procesión, donde todas las cofradías desfilando según orden de pasión, recorren el Cabanyal, el Canyamelar y el Grao.
La medianoche del Sábado Santo, la Resurrección sume todo el Marítimo en una explosión de música, pólvora, alegría y lanzamiento de loza y agua desde los balcones a la calle. Es una manifestación de tirar por la ventana lo viajo para dar la bienvenida a lo nuevo. Se despide el dolor para dar la bienvenida a la alegría.
Con las primeras luces del Domingo de Gloria, las cofradías ya recorren las calles inundando con su alegre música el amanecer.
El Encuentro de la Madre con su Hijo Resucitado. Lo celebran en todas las parroquias. En la puerta de la parroquia de Cristo Redentor-San Rafael (c/Reina,96) tiene lugar el único que continua manteniendo la esencia de la Semana Santa Marinera, pues se sigue celebrando entre personajes biblicos. La Madre Dolorosa acude de blanco, con el rostro todavía cubierto por un velo negro. A su encuentro sale su hijo representado por un niño. Cuando se funden en un abrazo, cae el velo del rostro de la Madre, mientras las tracas y los pétalos de flores inundan la escena. Es un momento fugaz, pero de intensa emoción.
Y ya que está en el Marítimo desayune o almuerce tranquilamente. Después recorra las calles.
A las 13 horas comienza el Desfile de Resurrección. Todas las cofradías desfilan con las bandas interpretando alegres pasodobles. Los personajes bíblicos lanzas flores al público que aplaude su paso. Mediterráneo en estado puro.
Cuando acaba el Desfile, el Marítimo queda sumido en un silencio, cansado pero esperando poder volver a vivir, intensamente, el año que viene su fiesta grande.

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