Valencia puede
asomarse al mar por varias vías. Si lo hace siguiendo la rectilínea avenida del
Puerto, llega al Grao que, junto con el Canyamelar y el Cabanyal, son los tres
barrios que suelen conocerse como El Marítimo. Tres núcleos distintos que se
extienden paralelos al mar que marcó su pasado y ¡ojalá! inspire su
futuro.
El Marítimo es un
barrio vivo y, además, una gran oportunidad para la ciudad… siempre y cuando
ésta no le obligue a olvidar su origen: el mar.
Jaime I el conquistador, hace ocho siglos,
singularizó el caserío existente con el nombre de Villanueva del Grao y lo
convirtió al cristianismo erigiendo un templo dedicado a la Virgen María. Las
Reales Atarazanas completan el conjunto histórico. Cinco naves levantadas en el
siglo XIV para construir embarcaciones. Constituyen un importante conjunto
histórico-artístico que reclama en silencio albergar los fondos del Museo
Marítimo y, de este modo, reconciliarse con su pasado marinero.
Aquel modesto Grao,
con el paso del tiempo, se ha convertido en el puerto más importante del
Mediterráneo español. En su entrada principal, el Edificio del Reloj, vigila
las tranquilas aguas de la dársena donde se reflejan los tinglados modernistas
y el edificio Veles y Vents, que
Chipperfield concibió blanco, de airosas líneas horizontales.
Cerca de allí, la
playa ofrece su atractivo durante todo el año. Invierno y verano. Día y noche.
Llueva o haga sol. Andando el Paseo Marítimo o la orilla, a diario, la playa
convoca ciclistas, paseantes, maratonianos, enamorados, Erasmus…
Ante el paseante se
ofrece un mundo de pequeñas historias de atarazanas, secaderos de pescado,
talleres mecánicos y barcas de vela. Son casas que albergaron vidas sencillas,
que todavía se intuyen en los edificios que simbolizan el pasado marinero. La Casa dels Bous, en cuya pared
recayente al mediodía luce un reloj de sol fechado en el año 1895. La Lonja , inaugurada en 1909
para subastar los tesoros arrancados al mar.
El Cabanyal siempre
ha sido conocido por las escenas de la pesca del bou, la playa y las fachadas modernistas que salpican su entramado
urbano. Ahora lo es también por el conflicto que arrastra la controvertida
prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez. A pesar del conflicto, los vecinos
se manifiestan orgullosos de su Cabanyal que tiene vocación de seguir vivo y, a
poco que les den pie, lo destacarán como un entorno singular.
La calle
Mediterráneo marca la frontera entre el Cabanyal y el Canyamelar. Estamos en el
punto 0º19’48.86’’ long.O y 39º28’9.87’’
lat.N. A escasos metros, en el Mercado del Cabanyal los vecinos
continúan contándose sus cuitas y los forasteros se entusiasman con la
multicolor oferta de pescado.
Al contrario que el
Cabanyal, el Canyamelar decidió abandonar el mundo de la pesca, en busca de
otros horizontes. Puede presumir de una interesante oferta cultural. La Biblioteca de la Reina , ocupando un edificio de 1862. El Teatro El Musical. Y, además, dos museos singulares. Ambos en un edificio
que albergó un molino arrocero. El Museo
del Arroz, y el Museo de la Semana Santa Marinera
“Salvador Caurín”, donde se ofrece una interesante muestra de la fiesta más
tradicional del Marítimo.
No es la única en
un pueblo festivo que también vive la
Noche de San Juan, las Fallas, Moros y Cristianos, o las
procesiones patronales. Pero la
Semana Santa brilla con luz propia. No en balde es la más
antigua, la que mejor recoge la personalidad y religiosidad de sus gentes en
unos actos impregnados de mar, como las procesiones que, en la mañana del
Viernes Santo, acercan los Cristos a la playa para elevar una oración por
quienes perdieron su vida en el mar.
A lo largo de la
historia, el mar ha confirmado su vocación de tradición y modernidad. Así ha
sido en todas las épocas y en todos los lugares donde se ha sabido escuchar su
voz para desentrañar oportunidades. Por contra, aquí, El Marítimo continúa
siendo una esperanza, por eso aconsejo al paseante en su recorrido por las
calles, que se despoje de ideas preconcebidas y se deje acompañar por la
fascinación de lo auténtico. Solo así descubrirá esa imagen entrañable, esa
sensación, ese recuerdo que le acompañará siempre… lo cual no es poco en los
tiempos que corren.
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