miércoles, 13 de febrero de 2013

EL MARÍTIMO: UNA OPORTUNIDAD PARA LA CIUDAD

     Valencia puede asomarse al mar por varias vías. Si lo hace siguiendo la rectilínea avenida del Puerto, llega al Grao que, junto con el Canyamelar y el Cabanyal, son los tres barrios que suelen conocerse como El Marítimo. Tres núcleos distintos que se extienden paralelos al mar que marcó su pasado y ¡ojalá! inspire su futuro. 
      El Marítimo es un barrio vivo y, además, una gran oportunidad para la ciudad… siempre y cuando ésta no le obligue a olvidar su origen: el mar. 
       Jaime I el conquistador, hace ocho siglos, singularizó el caserío existente con el nombre de Villanueva del Grao y lo convirtió al cristianismo erigiendo un templo dedicado a la Virgen María. Las Reales Atarazanas completan el conjunto histórico. Cinco naves levantadas en el siglo XIV para construir embarcaciones. Constituyen un importante conjunto histórico-artístico que reclama en silencio albergar los fondos del Museo Marítimo y, de este modo, reconciliarse con su pasado marinero.
       Aquel modesto Grao, con el paso del tiempo, se ha convertido en el puerto más importante del Mediterráneo español. En su entrada principal, el Edificio del Reloj, vigila las tranquilas aguas de la dársena donde se reflejan los tinglados modernistas y el edificio Veles y Vents, que Chipperfield concibió blanco, de airosas líneas horizontales.  
      Cerca de allí, la playa ofrece su atractivo durante todo el año. Invierno y verano. Día y noche. Llueva o haga sol. Andando el Paseo Marítimo o la orilla, a diario, la playa convoca ciclistas, paseantes, maratonianos, enamorados, Erasmus

     Ante el paseante se ofrece un mundo de pequeñas historias de atarazanas, secaderos de pescado, talleres mecánicos y barcas de vela. Son casas que albergaron vidas sencillas, que todavía se intuyen en los edificios que simbolizan el pasado marinero. La Casa dels Bous, en cuya pared recayente al mediodía luce un reloj de sol fechado en el año 1895. La Lonja, inaugurada en 1909 para subastar los tesoros arrancados al mar.
     El Cabanyal siempre ha sido conocido por las escenas de la pesca del bou, la playa y las fachadas modernistas que salpican su entramado urbano. Ahora lo es también por el conflicto que arrastra la controvertida prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez. A pesar del conflicto, los vecinos se manifiestan orgullosos de su Cabanyal que tiene vocación de seguir vivo y, a poco que les den pie, lo destacarán como un entorno singular.
    La calle Mediterráneo marca la frontera entre el Cabanyal y el Canyamelar. Estamos en el punto 0º19’48.86’’ long.O  y 39º28’9.87’’ lat.N. A escasos metros, en el Mercado del Cabanyal los vecinos continúan contándose sus cuitas y los forasteros se entusiasman con la multicolor oferta de pescado.
    Al contrario que el Cabanyal, el Canyamelar decidió abandonar el mundo de la pesca, en busca de otros horizontes. Puede presumir de una interesante oferta cultural. La Biblioteca de la Reina, ocupando un edificio de 1862. El Teatro El Musical. Y, además,  dos museos singulares. Ambos en un edificio que albergó un molino arrocero. El Museo del Arroz, y el Museo de la Semana Santa Marinera “Salvador Caurín”, donde se ofrece una interesante muestra de la fiesta más tradicional del Marítimo.
    No es la única en un pueblo festivo que también vive la Noche de San Juan, las Fallas, Moros y Cristianos, o las procesiones patronales. Pero la Semana Santa brilla con luz propia. No en balde es la más antigua, la que mejor recoge la personalidad y religiosidad de sus gentes en unos actos impregnados de mar, como las procesiones que, en la mañana del Viernes Santo, acercan los Cristos a la playa para elevar una oración por quienes perdieron su vida en el mar.  
    A lo largo de la historia, el mar ha confirmado su vocación de tradición y modernidad. Así ha sido en todas las épocas y en todos los lugares donde se ha sabido escuchar su voz para desentrañar oportunidades. Por contra, aquí, El Marítimo continúa siendo una esperanza, por eso aconsejo al paseante en su recorrido por las calles, que se despoje de ideas preconcebidas y se deje acompañar por la fascinación de lo auténtico. Solo así descubrirá esa imagen entrañable, esa sensación, ese recuerdo que le acompañará siempre… lo cual no es poco en los tiempos que corren.

 

 

 

 

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