Ayer, camino del estadio Ciudad de Valencia, sentí que muchos recuerdos se daban codazos para disputarse mi memoria.
¡El Levante UD iba a disputar su primer partido en la Liga Europea! Todo un acontecimiento, impensable años atrás. Tal vez por eso, el comentario más escuchado en el tranvía - imagino que también en el autobús - era el de: "Si mi padre/abuelo/tío/hermano... levantara la cabeza, no se lo creería".
Porque el futbol es pasión - qué pocos seríamos capaces de soportar o emocionarnos con un partido en el que no jugara nuestro equipo - . Pero no sólo es pasión. También son recuerdos; vivencias; imágenes ya amarillas... Historias individuales cuyo conjunto forma parte del patrimonio del club. De la misma manera que el club forma parte del patrimonio y anecdotario familiar.
El adelanto de la hora de la comida. La seriedad o explosión de jubilo en la cena - dependiendo del resultado, claro -. La radio conde Paco Gandía nos hablaba de sus mimbres, sus cestos y sus yunques de la adversidad. Las instrucciones íntimas para el último viaje... Tantos y tantos momentos agradables que me acompañaron en el trayecto, junto con el cariñoso y reconfortante recuerdo de todos cuantos no han podido vivir esta nueva hazaña del Levante UD.

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